CRONOLOGÍA EDUARDO RAMÍREZ VILLAMIZAR 

 

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1922

Eduardo Ramírez Villamizar nació el 27 de agosto en Pamplona, Norte de Santander, ciudad ubicada al noreste de Colombia. Fue el menor de once hermanos hijos del matrimonio entre Jesús Ramírez Castro y Adela Villamizar. Ramírez Villamizar creció en una ciudad que aún  mantenía un espíritu colonial, en donde la religión católica y la vida conventual influenciaban día  a  día a sus habitantes.

"Pamplona era un pueblito muy bello, colonial y del que ya no queda nada… Tenía encanto  español, un tipo de belleza humilde, calles empedradas, paredes blancas, bellas iglesias, era un Popayán pobre, sin auge, sin riquezas, lleno de la más absoluta humildad".

 

1922-1929

Durante sus primeros años Ramírez Villamizar tuvo contacto directo con el arte pues su padre era joyero de oficio. Su primera experiencia directa con el proceso creativo la tuvo a muy temprana edad, cuando aún estaba en el colegio.

"Un día en la escuela en la clase de obras manuales me entregaron barro: “Haz lo que quieras”, me dijeron, y yo entonces me hice un perrito con sus cuatro patas, con hocico, orejas, todo un perrito “de verdad” y me maravillé cuando lo vi  terminado…Los sábados no había clases pero yo me metía sin embargo a la escuela, corría por entre los salones vacíos… ¿y sabe a qué? ¡A mirar mi perrito! Al final del año en el sitio en donde se exponían todos los trabajos allí estaba él, ¡y yo lo había hecho! Créame, este ha sido el momento más emocionante de toda mi carrera artística".

Además del taller de joyería de su padre, otro contacto temprano de Ramírez Villamizar con el arte fue a través de las imágenes religiosas, representadas en figuras y pinturas de los santos, vírgenes, cristos y en la imponencia del ambiente en las iglesias.

"Mis primeras misteriosas experiencias con la belleza artística las sentí en esta Catedral en Pamplona, mirando los santos, los retablos; asistiendo a ceremonias religiosas emocionantes, en donde el olor a incienso me quitaba la respiración. En estas ceremonias oía los magistrales coros del seminario mayor, acompañados con la música del órgano que quizás era obra de Palestrina o Handel".

 

1929-1940

La crisis económica mundial de 1929 afectó a Colombia y se empezó a vivir un ambiente de parálisis productiva, disminución de trabajo y huelgas. La familia de Ramírez Villamizar entró en bancarrota y decidió trasladarse de Pamplona a Cúcuta, la capital del departamento, en busca de mejores oportunidades. Ramírez Villamizar permaneció en Cúcuta hasta 1940.

"Cúcuta, aquella otra ciudad que se nos ofrecía como una puerta, como una esperanza para los que habíamos perdido todo, casa, almacén, salud, la salud de mi padre, un joyero minucioso y tranquilo que con sus excepcionales manos confeccionaba alhajas de oro y plata. Durante días enteros él se encerraba a trabajar en su taller y yo le veía muy poco. Jamás tuve comunicación con él. Primero porque yo era muy niño y luego porque la crisis se lo llevó, empezó a morirse lentamente…No pudo soportar que su familia perdiera el dinero, el lugar que sentía que le correspondía en Pamplona".

 

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1940-1943

Viajó a Bogotá e ingresó en la Universidad Nacional de Colombia a estudiar Arquitectura. Simultáneamente trabajaba en sus primeras pinturas en acuarela sobre papel, eran principalmente retratos de familiares y amigos, bodegones, flores, y paisajes.

"Cuando salí del bachillerato tenía que escoger una profesión lucrativa y mi familia nunca hubiera aceptado que yo fuera artista. Ser artista en esa época era como irse con un circo, como ser maromero, una cosa totalmente absurda. Entonces tuve que escoger lo que estaba más cerca de lo que yo quería ser: la arquitectura".

 

1944-1946

Decidió cambiar de carrera e ingresó a estudiar Arte y Decoración en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. En agosto de 1945 participó por primera vez en una exposición colectiva en la Facultad de Arquitectura con algunas de sus acuarelas figurativas. A finales de 1946 abandonó la acuarela y se introdujo en la técnica de pintura al óleo. Participó en el VII Salón de Artistas Colombianos, donde le otorgaron el segundo diploma de honor por su obra Retrato de Lilian Peñuela (1946).

 

1947

La Universidad del Cauca lo invitó a pasar una temporada en la ciudad de Popayán. Trabajó por siete meses junto al escultor Édgar Negret, quien ya venía haciendo escultura por varios años y había recibido valiosa información sobre las vanguardias artísticas europeas por parte del escultor vasco Jorge Oteiza. Oteiza había ido a Popayán a fundar la Escuela Departamental de Cerámica en 1944. Gracias a Oteiza, Negret pudo conocer a través de reproducciones obras de artistas europeos como Henry Moore, Vincent van Gogh, Georges Rouault y Pablo Picasso. A su vez, Negret transmitió este conocimiento a Ramírez Villamizar quien empezó a hacer pinturas evidentemente influenciadas por el trabajo de esos artistas europeos. Inició así una etapa de pintura de corte expresionista. Realizó, entre otras, las obras Calvario, Lucha de Jacob con el Ángel, Adán, Niño flautista y Girasoles. Expuso sus pinturas en Popayán, en la sede de la Universidad del Cauca.

"Cuando conocí a Negret, estaba enriquecido por esos años de experiencia con Oteiza, y todos esos conocimientos me los transmitió a mí, a su vez enriquecidos y elaborados por él. Ese encuentro fue importantísimo para mí y siempre lo consideré una de las cosas más maravillosas que me han pasado en la vida. Es el artista más original y más importante que ha existido en toda la historia del arte colombiano".

 

1948-1949

En marzo de 1948 expuso 14 de sus pinturas expresionistas (realizadas en su mayoría en Popayán) en la Sociedad de Ingenieros en Bogotá junto con algunas esculturas de Édgar Negret.  La violencia bipartidista en Colombia llegó a su momento más crítico cuando el 9 de abril de 1948 fue asesinado en Bogotá el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. La ciudad fue destruida por una inconsolable muchedumbre, muchas personas fueron asesinadas en lo que la historia ha denominado El Bogotazo.

"Dos días después del Bogotazo, nos llamaron unos amigos a Negret y a mí para decirnos que corriéramos a sacar las obras porque se podían quemar. Todavía era peligroso porque había francotiradores; una inseguridad tremenda en la ciudad, y se asesinaban gentes en las calles. Cuando yo estaba quitando los cuadros, las paredes estaban calientes por el incendio de la casa de al lado. Alcanzamos a sacar todo sin ningún problema, no nos pasó nada. Salvamos la exposición, y el edificio se quemó, ardió hasta que se derrumbó".

El permanente ambiente de violencia política influyó en el trabajo artístico de Ramírez.

"Mis pinturas eran expresionistas con temas religiosos, temas poéticos y de violencia. No la violencia directa que estamos sufriendo en Colombia, sino la violencia un poco disfrazada y poetizada. Pintaba calvarios, calaveras de animales y todo eso lo estaba haciendo sin pensar que al lado mío maduraba la verdadera violencia. Y más tarde tuve una reacción a esa violencia pero no describiéndola, sino mostrando lo contrario de la violencia, como es el construir, el orden, la civilización".

 

 

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1950-1952

Ramírez Villamizar viajó a Francia. La peregrinación a París era algo que todo artista de la época deseaba. En ese momento todas las vanguardias plásticas estaban en ese lugar y la ciudad se presentaba como un paraíso en donde se podría vivir y triunfar como artista.

“Picasso tiene a todo el mundo enloquecido ¡y yo estoy en París! Estar en París significaba entonces estar donde está Picasso… ¡Donde Picasso pintaba, respiraba!... Alguna gente me decía tal vez por ufanarse, darse tono ellos mismos, te voy a presentar a Picasso. Y yo lejos de sentir placer me aterrorizaba y pensaba: pero ¿qué le puedo decir cuando lo vea? ¿Qué le puedo yo decir a Picasso? No vi a Picasso, pero a Brancussi, que había atravesado Europa a pie desde su patria, Rumania, para alcanzar París, sí lo conocí... ¡Qué emocionante momento! Estar yo frente a un hombre que sabía que era un genio, sí, yo sabía que él era genial, él funda el purismo en la escultura moderna con un modelado amoroso y tierno… y recuerdo que yo estaba con mis manos entre los bolsillos escuchándolo con unción y maravillado, cuando sorpresivamente se vuelve y me dice a quemarropa: “¿Y tú qué haces?”. Pues, yo…, le digo casi tartamudeando, “aquí trabajando… Tratando de ser artista”. “Pues así con las manos metidas en los bolsillos nunca podrás hacer nada”. Entonces yo me ruboricé todo y sentí que era una especie de Dios, Jehová mismo, maldiciéndome y arrojándome de su reino, algo así...”

En París, Ramírez Villamizar conoció de primera mano las manifestaciones abstractas del arte de las vanguardias de principios del siglo XX, vio y estudió el trabajo de Casimir Malevich,Anton Pevsner, Piet Mondrian, Paul Klee, Pablo Picasso, El Lissitzky, Wassily Kandinsky, Vladimir Tatlin, Constantin Brancussi y Georges Braque entre otros.

Se inscribió en el Atelier d’art abstrait que fue fundado por los artistas Jean Dewasne y Edgar Pillet en 1950. El Atelier era un taller de arte donde se practicaba la abstracción geométrica y los artistas jóvenes interesados podían explorar allí estas tendencias. En ese lugar desarrolló una amistad cercana con Jean Dewasne. Además conoció a artistas muy importantes dentro del movimiento abstracto de posguerra como Ellsworth Kelly y Jesús Soto.

Además de su trabajo en el Atelier d’art abstrait, Ramírez visitaba constantemente la galería Denise René que era uno de los espacios más importantes en la difusión del arte abstracto geométrico en París. Allí exponían artistas como Richard Mortensen, Auguste Herbin, Jean Dewasne, Edgar Pillet y Robert Jacobsen. Fue en esta galería en donde conoció al artista húngaro Victor Vasarely quien lo influyó radicalmente. Así, inició en París su trabajo en la geometría y en la abstracción.

“Vasarely me emocionó como un Greco, un Picasso o un Van Gogh. Él me enseñó que no había que representar nada para expresar lo maravilloso de la creación, color formas y geometría sumadas son suficientes. Empecé a ensayar tibiamente un semiabstraccionismo. En París muere mi expresionismo, en aquel mundo hecho de equilibrio y sensatez no había tal vez mucho lugar para las agresividades expresionistas… y mis figuras se aplanaron, perdieron volumen… yo seguía intensamente preocupado con la forma… llego así a una gran simplificación…”

 

Obligado por su precaria situación económica, Ramírez regresó a Bogotá en 1952.

“La cosa se fue complicando hasta el punto de que sentí que me estaba convirtiendo en un problema para mis amigos. Todos sabían que Eduardo Ramírez estaba en muy mala situación y entonces de pronto me llamaban así, como si el asunto fuera muy casual, para invitarme a almorzar; y yo con mi orgullo santandereano espoleado, les contestaba: gracias pero no puedo ir, primero porque ya almorcé, y segundo porque estoy ocupado. Pero la verdad era que ni estaba ocupado ni había almorzado. ¡El orgullo es una cosa que le crece a uno pendejamente cuando es pobre!... Traté de prolongar mi estadía hacienda pequeños oficios, haciendo tareas muy curiosas todas, pero que me permitían quedarme un poco más en París, mi París, no, yo no quería regresar.”
“Me subí al tren que me llevaría al barco con destino a Cartagena, como si me subiera al cajón con destino al cementerio”.

 

1952-1954

Regresó a Bogotá y continuó pintando. Se empiezan a notar en sus obras sutiles transformaciones de la figuración hacia la abstracción. La pintura Copa Azul, de 1953, es uno de sus primeros trabajos en el que se alcanza a reconocer la forma principal de una copa pero incluye en la composición planos grandes de un solo color y figuras geométricas abstractas.

En 1952 presentó en la Biblioteca Nacional de Colombia de Bogotá la muestra: Exposición de Pintura: Eduardo Ramírez Villamizar, una de las primeras exposiciones de arte abstracto en Colombia. Así inició su camino como uno de los pioneros de la abstracción en el país.

A finales de 1954 expuso varias pinturas y unas pocas piezas de cerámica en la galería El Callejón de Bogotá.

 

1954-1956

Volvió a Europa, vivió un tiempo en París en donde hizo pinturas completamente abstractas utilizando grandes planos de colores primarios. Viajó por España e Italia en compañía del escultor Édgar Negret quien estaba viviendo en Palma de Mallorca.

En París, Ramírez Villamizar tuvo contacto directo con la obra de Joaquín Torres-García, probablemente asistió a la exposición retrospectiva del uruguayo en el Musée d’Art Modern de la Ville de París en 1955. Ya en la década de 1940 Ramírez había leído el célebre libro de Torres-García El Universalismo Constructivo (1944) y conocía su trabajo, sin embargo, en su paso por París entre 1954 y 1955, lo redescubre y esto alimenta su entusiasmo por la geometría y el poder de síntesis de la abstracción.

En 1956 viajó a Nueva York y permaneció allí por varios meses. En septiembre de ese año, el crítico de arte José Gómez Sicre lo invitó a hacer una exposición individual de pintura en la sede de la Pan American Union en Washington D.C. (septiembre - octubre), la misma exposición se llevó a cabo posteriormente (octubre - noviembre) en la galería Roland de Aenlle en Nueva York. La pintura Blanco y Negro (1956) fue comprada por el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York para formar parte de su colección.

“Nueva York, tan abrumador y desconcertante que cuando llegas te abre los brazos y después te olvida. Te dice aquí triunfarás, y después te olvida… Mi primera exposición fue un éxito total: las críticas, el público, todo… Incluso el Museo de Arte Moderno compró una de mis obras. ¡Imagínese lo que era esto! Es mi primera exposición en Nueva York, y ya el museo más importante adquiría una obra mía… ¡parecía todo aquello tan fácil!... Ahí, en aquel momento me agarró Nueva York, me atrapó Nueva York, pero no me quedé; demoré seis meses, hice la exposición, y al volver aquí a Colombia hice el mural del Banco de Bogotá. Después de ese pequeño éxito tuve el deseo de volver… volví…”

 

1957

Regresó a Bogotá y la empresa cervecera Bavaria le encargó hacer un mural en una de sus oficinas. Pinta Composición en ocres (1957), el primer mural abstracto realizado en Colombia. Ingresó como docente a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. En este año produjo una gran cantidad de pinturas abstractas: El Dorado No. 2, Composición en triángulos, Cuadro azul - verde, Composición mecánica y Señal de tránsito, entre otras.

“En mis pinturas quiero relacionar formas muy simples de modo que se conecten de manera ingeniosa y extraña, encontrar algo nuevo, y quitar todo lo superfluo sin llegar a la esterilidad. Encontrar el momento en que la inteligencia y la intuición crean algo misterioso, que al primero que sorprende es al artista mismo. Y aunque se sorprende, sólo él sabe que ya esas formas relacionadas entraron a formar parte de su mundo. Para explicar ese mundo ya no hay palabras; lo demás es sensibilidad del espectador y silencio para contemplar la obra”.

 

1958

Con la pintura Horizontal blanco y negro ganó el Guggenheim International Selection Award para Colombia. El premio para Estados Unidos se lo ganó el pintor Mark Rothko, uno de los más importantes representantes del Expresionismo Abstracto norteamericano.

Ese año realizó el relieve abstracto El Dorado para el nuevo edificio del Banco de Bogotá. Es un relieve de gran formato cubierto en hojilla de oro. La obra describe formas curvas recordando figuras precolombinas que evidencian la influencia de la estética prehispánica (principalmente la orfebrería) en el trabajo de Ramírez.

“Yo creo que ellos [precolombinos] me han influenciado mucho en mi trabajo; porque además de que todo entra por el ojo y todo nutre, pienso también que todo lo que le gusta a uno lo influencia. Y como aquí no tenemos un Louvre, no disponemos de un Museo donde se vea la pintura europea y toda la gran pintura, pero tenemos sí, el Museo del Oro, pues yo me voy allí y me estoy horas enteras, y salgo con la boca abierta y maravillado, asombrado de la creatividad, del gran sentido de la forma innato en aquellas gentes tan remotas, que hoy ya las ha ganado para sí el arte, las ha rescatado… yo creo que ellos siempre me han influenciado mucho”.

Esta pieza marcará definitivamente un cambio en la carrera de Ramírez Villamizar. A partir de allí empezó a explorar el volume y sacó sus figuras de la tela para empezar una larga serie de trabajos con relieves.

“Mis años de pintura abstracta geométrica fueron (sin proponérmelo) una preparación para el relieve y la escultura, dos pasos que llegaron muy naturalmente. Algo decisivo fue el encargo de 1958 para hacer un mural en el Banco de Bogotá. Después de varios ensayos entendí que para el sitio y circunstancias, no funcionaba un mural pintado, en pintura plana, sino algo en relieve, que se uniera más a la arquitectura. Así empezó mi camino hacia el volumen”.

A finales de 1958 se hizo la primera exposición retrospectiva de Ramírez Villamizar en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, se incluyeron obras desde 1945 hasta 1958.

 

1959

Participó en el XII Salón Nacional de Artistas Colombianos y ganó el Primer Premio con la pintura Horizontal blanco y negro No. 2 (1958). Además, ganó el Primer Premio del Salón de Arte Moderno de Cartagena con la pintura El Dorado (1957).

Viajó a Nueva York e hizo una escala en México en donde realize una exposición de pintura en la galería Antonio Souza y visitó varias ruinas prehispánicas. El centro ceremonial de Tikal llamó particularmente su atención por la variedad y cantidad de relieves en piedra, elementos que ya había estudiado anteriormente y habían influenciado su trabajo.

“Con la plata que gané ese año me fui a México rumbo a Nueva York. Al pasar por México tuve la oportunidad de ver todos los relieves precolombinos y eso me maravilló, me dio el golpe definitivo para dedicarme después al relieve”.

 

 

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1960

Permaneció por varios meses en Nueva York. La llegada de la nueva década coincide con un cambio significativo en los intereses plásticos de Ramírez. Se dedicó ahora a trabajar el volumen. Inició su exploración del espacio con relieves de pequeño formato en madera pintada, principalmente de color blanco. En febrero participó en la exposición colectiva Modern Classicism en la galería David Herbert y más adelante, en noviembre, presentó por primera vez una muestra individual de sus relieves en la misma galería.

 

1961

Continuó trabajando en relieves blancos de pequeño formato como Blanco ritual y Serpiente precolombina. Hizo varios viajes entre Bogotá y Estados Unidos. Expuso en la Pittsburgh International Exhibiton of Contemporary Painting and Sculpture en el Museo de Arte del Carnegie Institute (marzo), la exposición Purism en la galería David Herbert de Nueva York (octubre), la Arger Gallery de Miami (junio) y en el XIII Salón Nacional de Artistas Colombianos en Bogotá.

 

1962

En abril presentó por primera vez en Colombia sus relieves en la galería El Callejón de Bogotá.

Ganó el Premio Único de Escultura en el XIV Salón Nacional de Artistas Colombianos con la obra Relieve circular. La presencia de la estética y temas precolombinos era cada vez más recurrente en sus relieves. Este año produjo obras como Relieve ritual, Entrada a El Dorado, Deidad precolombina, y tres proyectos de murals monumentales, dos para el Banco de la República en Bucaramanga y Cúcuta y uno para la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá.

Su obra se empezó a internacionalizar con mucha fuerza, ese año expuso en la VI Bienal de São Paulo, la Unión Panamericana en Washington D.C., el Palacio de la Virreina en Barcelona, la Galería Nacional de Arte Moderno en Roma y nuevamente en la galleria David Herbert de Nueva York.

A finales de 1962 decidió quedarse a vivir en Nueva York y trabajar en la ciudad que ahora era el centro del arte en el mundo. Permaneció allí por un poco más de un año.

“Me fui quedando, quedando y nunca supe muy bien por qué. Es una ciudad difícil, violenta, donde se necesita mucho empuje y ser muy agresivo, todo lo contrario a mi personalidad. Nueva York es una ciudad que hay que lanzarse a conquistar”.

 

1963

Este año produjo los primeros relieves en madera con colores diferentes del blanco: Moneda precolombina, Relieve con amarillo, Relieve círculo azul y Relieve círculo ocre.

El Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York adquirió la obra Proyecto para mural horizontal (1962) como una donación de la coleccionista de arte Silvia Pizitz.

 

1964

Regresó a Colombia. Realizó el mural monumental en concreto Serpiente precolombina para la fachada de la fabrica de Gaseosas Lux en Cali.

Hizo la obra en madera pintada de blanco Homenaje al poeta Gaitán Durán. Esta pieza es muy importante dentro de la carrera de Ramírez pues es su primer trabajo puramente tridimensional, antes de ella sólo se conocían sus pinturas y relieves. Homenaje al poeta Gaitán Durán evidencia su paso definitivo hacia la escultura, campo en el que después será reconocido nacional e internacionalmente. El progresivo paso de lo bidimensional a la escultura, pasando por el relieve, demuestra un camino construido por Ramírez de manera pausada, inteligente y precavida.

“La primera escultura que yo hice fue un relieve que se separaba del muro por una pata que le servía para hacerlo y tenía dos caras: no narices, no ojos, sino dos planos, para hacer impacto. Y así salieron mis obras del todo del muro. Ahora se pueden ver y caminar por ellas; verlas y moverse entre ellas.”

Hizo sus primeras obras usando metal pintado con esmaltes. Con la escultura en aluminio pintado de blanco Saludo al astronauta, obtuvo el Premio Nacional de Escultura en el XVI Salón Nacional de Artistas Colombianos.

Participó en varias exposiciones en Colombia y Estados Unidos principalmente. Se destacan la muestra en la galería Graham de Nueva York en donde expuso sus relieves junto a esculturas de Édgar Negret y la exposición colectiva The Classic Spirit in the 20th Century Art en la galería Sidney Janis de Nueva York. En esta muestra participaron obras de artistas de la talla de Casimir Malevich y Piet Mondrian, así como varios artistas contemporáneos que luego serían conocidos dentro del movimiento de arte minimalista.

 

1965

Inauguró una obra muy importante dentro de su carrera: Mural horizontal y curvo; relieve en madera pintada de blanco ubicado sobre una pared curva en la biblioteca pública Luis Ángel Arango de Bogotá.

 

1966

Se trasladó de nuevo a Nueva York y se dedicó sobre todo a la escultura. Al igual que en sus relieves de principios de los años sesenta, la escultura de esta época es principalmente de color blanco.

Recibió el primer encargo para hacer obras públicas en Estados Unidos. Realizó la escultura blanca de gran formato Columna y seis relieves en madera para el recién inaugurado edificio del American Bank en Manhattan del arquitecto Paul Damaz.

A finales de 1966 inauguró una exposición individual en la galleria Graham de Nueva York, fue su primera exposición exclusivamente de escultura.

“Sólo dos de las doce esculturas que muestra la galería Graham son de color distinto al blanco. La luz es importantísima en mi trabajo; el blanco la refleja con más fuerza que otro color. En un relieve o escultura pintado de un color diferente al blanco los matices desaparecen; en éste hay gran variedad de grados grises y blancos mezclados. La clara belleza de estas puras obras blancas no es enajenadora sino amistosa, el cálido uso que hacen las luces y sombras es elegante y atractivo”.

Ganó el Primer Premio de Escultura en el XVIII Salón Nacional de Artistas Colombianos con la escultura en metal pintado de blanco El río.

Ingresó como docente de pintura al Departamento de Educación Artística de la Universidad de Nueva York (NYU) en donde trabajó durante el semestre de invierno de 1966 y 1967 y el de primavera de 1967.

 

1967-1968

Viviendo en Nueva York,Ramírez Villamizar comenzó a trabajar con láminas de plexiglás para hacer esculturas de pequeño formato.

“Uso ahora plástico pues conviene a las circunstancias en que vivo en Nueva York. Puedo hacer yo mismo el trabajo sin necesidad de tener un gran taller y no es excesivamente costoso. Espero, sin embargo, tener posibilidades en el futuro para usar mármol o metales por la sola razón de su durabilidad”.

Estas piezas se caracterizan principalmente por estar dotadas de un gran espíritu de movimiento y ritmo. Utilizó en ellas los principios básicos de la escultura minimalista contemporánea como la serialidad y la repetición de unidades modulares. Hizo series de obras como Construcciones suspendidas, Cámaras en progresión y Construcciones emergiendo.

“Mis trabajos son obras en movimiento paralizado. Cuando las hago estoy tratando de que tengan movimiento, agrandándose o lo contrario... Es lo que me interesa y lo que busco. Aun cuando hay formas que parecen muy quietas, siempre están repetidas y al repetirse las hago mover... Las agrando, las hago pequeñas... se desplazan, se mueven... Como lo hizo Marcel Duchamp con el Desnudo bajando una escalera, que fue muy importante por el momento en que se hizo y que era la repetición de una forma casi igual, desplazándose. En mis esculturas busco una forma moviéndose: es el movimiento paralizado: un creciendo o decreciendo...”

 

1969

Viajó a Brasil a representar a Colombia en la IX Bienal de São Paulo. Obtuvo el Segundo Premio Internacional. Otros de los ganadores en la Bienal fueron Erich Hauser, Robert Murray, Herbert Distel y Anthony Caro, el trabajo de este ultimo causó mucho interés en Ramírez y se convirtió en un referente constante para su trabajo. La muestra que llevó a la Bienal estaba compuesta por siete esculturas de pequeño formato de plexiglás rojo, negro y transparente (blanco) y una escultura de gran format de madera pintada de negro.

“La Bienal es un evento muy importante pues a pesar de ser una exposición de character mundial, es la única oportunidad del arte de América Latina de ponerse enfrente del arte de Estados Unidos y Europa, en donde puede participar más en grande y con mayor importancia. Es la oportunidad ideal para que los artistas latinoamericanos demuestren su altísimo nivel que no tiene nada que envidiarle al del resto del mundo”.

Ramírez Villamizar viajó a Río de Janeiro y permaneció allí por varios meses.

A finales de 1969 hizo una exposición en la galería Buchholz en Múnich, Alemania.

 

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1970

Volvió a Nueva York y se instaló en las Residencias Westbeth para artistas. Hizo la escultura de gran formato Construcción suspendida roja (metal pintado de rojo) para el edificio de las residencias en donde vivía.

Afectado por su viaje a Brasil, este año lo dedicó a la serie Recuerdos de Rio en donde usó acero inoxidable y plexiglás para describir formas curvas y ondeantes.

“Antes de vivir algunos meses en Río de Janeiro, solo había hecho estructuras geométricas a partir de líneas rectas. Después de mi experiencia en Brasil, comencé, sin darme cuenta, a hacer esculturas de líneas ondulantes. Brasil, un país ondulante, ondulante su música, ondulante su idioma. Si un colombiano ha vivido varios años en China, sus expresiones artísticas tendrían la sutileza de lo chino, siempre existe la tendencia fiel a reflejar su ambiente.”

 

1971-1973

En 1972 el Museo de Arte Moderno de Bogotá realizó una exposición retrospectiva de Ramírez con obras desde 1945 hasta 1972.

De 1971 a 1973 Ramírez Villamizar fue encargado para hacer cuatro esculturas públicas de gran formato en Estados Unidos. Simultáneamente inició su trabajo en esculturas y relieves pequeños utilizando módulos rectangulares que repetía, ordenaba y yuxtaponía.

En 1971 participó en el Simposio Internacional de Escultura organizado por la Universidad de Vermont. Hizo su primera escultura monumental en concreto: Cuatro torres. Ramírez utilizó principalmente ángulos y líneas rectas para formar una composición con un espíritu arquitectónico marcado.

En 1972 construyó la escultura Columnata en el Parque Fort Tyron en Nueva York. La obra mantuvo las formas y materiales de Cuatro torres pero las cuatro columnas de concreto que forman la pieza están organizadas de una manera diferente.

Con Columnata y Cuatro torres Ramírez logró una relación diferente con el espectador quien no sólo ve la escultura interactuando con el espacio que la contiene, sino que también puede ingresar en ella, “vivirla” desde adentro.

“Durante mucho tiempo pensé que valía la pena hacer grandes obras, para que se salieran de los museos y de las colecciones particulares para integrarse a la ciudad y al campo y con las cuales la gente pudiera casi interactuar. He tenido la suerte de que muchos de mis proyectos para esculturas monumentales pasaran de maquetas a ser arte de grandes dimensiones”.

En 1973 la Alcaldía de la ciudad de Nueva York le encargó una escultura para el Beach Channel High School. Realizó la obra Hexágono en aluminio pintado de rojo. En ese mismo año, la escultura De Colombia a John Kennedy se instaló en los jardines del Kennedy Center en Washington D.C., como regalo del gobierno de Colombia a Estados Unidos. Esta escultura se caracteriza por la utilización de la forma del caracol como modelo de crecimiento orgánico progresivo, característica que posteriormente van a tener muchas de sus esculturas.

 

1974

Regresó definitivamente a vivir a Bogotá y se instaló en su casa-taller en el barrio Suba. El trabajo con módulos, ángulos y líneas rectas de Cuatro torres (1971) y Columnata (1972) lo repitió en la obra Dieciséis torres que regaló en 1974 a la ciudad de Bogotá. Fue instalada en un bonito lugar silencioso y lleno de naturaleza en los cerros orientales (Parque Nacional) de la capital colombiana. En Dieciséis torres, Ramírez multiplicó el modulo original de cuatro columnas (usado en sus otras dos esculturas de concreto) por cuatro, obteniendo una gran estructura de 16 columnas isomórficas.

“Mi escultura de Colombia, del Parque Nacional colocada encima del parque, ¿por qué esta allí?, me pregunta la gente. Lo que pretend es que al haber obras de arte ahí, se salve ese bello lugar, se conserve como parque, como lugar de recreación, para que las gentes lo aprovechen, lo gocen. Cuando hago una escultura pública me interesa mucho el paisaje, los árboles, los pastos, las montañas…son hechos por la naturaleza y me interesa el contraste entre lo hecho por la naturaleza y lo hecho por el hombre. Por eso siempre he tratado de poner al aire libre mis esculturas. El paisaje le da más interés a la geometría y la geometría, a su vez, parece que hace resaltar la belleza del paisaje”.

 

1975-1976

Dedicó un poco más de un año a construir seis esculturas de mediano formato exclusivamente para la XXXVII Bienal de Venecia de 1976. Fue elegido como el único representante de Colombia para la exposición. Las seis esculturas son bastante diferentes de lo que venía haciendo hasta el momento. Todas son de metal pintado con esmaltes rojo y negro y se caracterizan por ser de formato horizontal y describer muchos ángulos diferentes al recto.

“Hace tres años trabajaba con ortogonales; ángulos rectos en donde no me salía de la horizontal y la vertical; formas muy simples que repetía mucho... Trabajé muy contento de esta manera e hice obras que me gustaron mucho. Pero de pronto todo se inclinó, y los que eran ángulos rectos se convirtieron en de 30 grados, se abrieron los ángulos o se cerraron, y entonces mi mundo cambió muchísimo, se abrieron un sinfín de posibilidades, de expresiones que antes estaban un poco quietas”.

 

1977-1979

Durante este período, Ramírez Villamizar continuó trabajando esculturas de metal pintado con esmaltes. Una gran cantidad de obras realizadas durante este período aluden a formas y temas directamente relacionados con la naturaleza. Vale la pena mencionar que Ramírez Villamizar se interesó en particular por la forma del caracol, coleccionó conchas de moluscos durante toda su vida, tenía más de mil ejemplares exhibidos en vitrinas en la sala de su casa. Entre 1977 y 1979 hizo piezas como Caracol pájaro, Caracol flor, Caracol escalera, Construcción cangrejo, Flor blanco y negro, Rosa náutica, la serie de Insectos policromados y la serie de Amonitas fósiles.

“Siento gran emoción frente a algunas de mis obras cuando las comparo con una hoja, o con una rosa, por ejemplo. A nadie se le ocurre que a la rosa le sobre un pétalo o haya que cambiarle el color. Se le acepta como una maravilla completa. Siempre repito que la geometría hombre, con sus reglas sacadas de la naturaleza. Y la geometría la utilizamos para construer casas, para hacer arte y para mil cosas maravillosas que vuelven a la naturaleza, sin copiar la naturaleza...”

En 1978 realizó tres importantes esculturas monumentales en Colombia. Nave espacial, escultura de 25 toneladas en metal pintado de tonos rojos para la plaza del Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá. El mural de más de veinte metros de altura Muro abriéndose, para el edificio de Colseguros Fabricato en Medellín. Y el relieve de aluminio Friso precolombino, para el Banco de Santander en Cúcuta.

Recibió en 1978 la prestigiosa condecoración del gobierno nacional de Colombia: Cruz de Boyacá. En 1979 recibió, también del gobierno nacional, la Medalla de Colcultura y la Gobernación del Norte de Santander le otorgó la Medalla José Eusebio Caro.

 

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1980-1982

Participó en varias exposiciones dentro y fuera de Colombia. Entre otros lugares, expuso en el Birmingham Museum of Art, el Banco Central de Quito, Museo Window South en Glendale, California; Centro Colombo Americano de Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Museo de Arte Contemporáneo del Minuto de Dios en Bogotá.

 

1983

En 1983 Ramírez Villamizar visitó la ciudad inca de Machu Picchu. Después del viaje por las ruinas precolombinas, la mayoría de su trabajo escultórico cambió radicalmente tanto conceptual como materialmente. En primer lugar empezó a crear formas en las que se remitía de manera constante al equilibrio entre la naturaleza y la arquitectura incaica. Ramírez construyó obras como Acueducto, Plaza ceremonial, Terrazas, Torre, Templo, Traje ceremonial y Máscara en donde se identifican varios elementos formales y temáticos del mundo material inca. En segundo lugar presentó un cambio radical en cuanto al material que constituía su trabajo. Dejó de pintar las esculturas y las empezó a dejar oxidar.

“Es un lugar excepcional [Machu Picchu]; es un lugar natural de una grandiosidad, solemnidad y belleza, muy poco comunes. Creo que precisamente por eso lo escogieron los precolombinos, porque para ellos tuvo que tener una significación mágica: sus enormes moles llegando al cielo, sus cambios de luz y clima; todo ese espacio maravilloso para una reunión de brujas y de brujos; y para acercarse a Dios. Estoy seguro de que esto sintieron los incas y por eso construyeron allí su ciudad; la hicieron con una armonía y una belleza arquitectónica infinitas y utilizaron la geometría tan sabiamente que la combinación de estos dos fenómenos me llenó de admiración y perplejidad: allí se combinan la fuerza de la naturaleza y la creación del hombre que es lo que también interesa a mi obra”.

“Saqué una de mis obras al jardín y la dejé oxidar y encontré que el resultado me interesaba. A través del óxido del metal las esculturas adquirieron diferentes matices que me interesaron profundamente por su relación con la naturaleza, con el proceso de lo orgánico, con su desenlace: la muerte, puesto que trabajo con láminas que se van a oxidar, que se van a volver polvo y, aunque me puse un poco nervioso al pensar que mis obras iban a desaparecer pronto y busqué la manera de detener el proceso de oxidación empleando lacas que se pueden aplicar en las superficies y retrasan el proceso, me di cuenta de que no hay ninguna manera de detenerlo. Así descubrí que era un tontería afanarme por eso, porque uno se va primero que las esculturas y éstas, al final, van a desaparecer al igual que todo, de manera que es mejor aceptar el cumplimiento de su ciclo vital”.

“Desde mi viaje a Machu Picchu, que fue muy importante, me pareció estupendo que mis esculturas recientes, a las que denomino Recuerdos de Machu Picchu, tuvieran ese color oxidado que muestra un poco la vejez material…Todo eso maravilloso que sentía en Machu Picchu”.

 

 

1984-1989

Después de su experiencia en Machu Picchu y otras ruinas incas, Ramírez Villamizar regresó a Bogotá y trabajó por varios años en dos series de obras referents al tema precolombino. Las esculturas son todas de hierro oxidado y comparten características formales ligadas a la arquitectura incaica. La serie Recuerdos de Machu Picchu fue expuesta por primera vez en 1985 en el Museo de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y luego en 1986 en el Museo de Antioquia en Medellín. Más adelante hizo la serie Homenaje a los artifices precolombinos que fue expuesta en la III Bienal de La Habana (1989), Museo Nacional de Colombia (1990), Museo Rufino Tamayo en México (1990), Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber (1993) y Museo de Arte Moderno Jesús Soto en Ciudad Bolívar, Venezuela (1994).

En 1984 fue instalada en la catedral de Pamplona la escultura Custodia homenaje como un reconocimiento a monseñor Revollo Bravo.

En 1985 la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos le rindió un homenaje en Washington D.C. por su contribución al arte de América. Se realizó en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá una exposición retrospectiva de toda su obra entre 1945 y 1985.

En 1987 fue invitado especial a la Bienal de São Paulo en Brasil.

En 1988 participó en el Simposio de Escultura del Parque Baconao en Santiago de Cuba. Realizó la escultura de hierro oxidado Entrada a las piedras sagradas.

Ganó en 1989 un concurso para realizar una obra monumental para el edificio del World Trade Center de Bogotá. Hizo la escultura de hierro oxidado Espejo de la luna.

 

 

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1990

Fundó el Museo de Arte Moderno Eduardo Ramírez Villamizar en Pamplona, su ciudad natal. El museo funciona en una imponente casa colonial en la plaza central de la ciudad y actúa como uno de los ejes culturales más activos e importantes de Pamplona y de todo el departamento de Norte de Santander. Ramírez Villamizar donó al museo una gran cantidad de su obras, su gran colección de esculturas y cerámicas precolombinas, y su colección personal de arte que incluye importantes piezas de varios artistas colombianos y extranjeros, entre ellos: Carlos Rojas, Édgar Negret, Gonzalo Ariza, Luis Caballero, Santiago Cárdenas, Guillermo Wiedemann, Manolo Vellojín, Bernardo Salcedo, Ómar Rayo, Juan Antonio Roda, Beatriz González, Enrique Grau, Manuel Hernández, Lorenzo Jaramillo, Lucy Tejada, Óscar Muñoz, Alejandro Obregón, Beatriz Daza, Miguel Ángel Rojas, Fanny Sanín, Ana Mercedes Hoyos, Hugo Zapata, Nadín Ospina, Lucio Fontana, Jesús Soto, Fernando de Szyszlo, Luisa Richter y Carlos Cruz Díez.

“La obra más importante que he hecho durante estos 80 años fue el Museo de Arte Moderno de Pamplona, con la colaboración de Virgilio Barco y el Banco de la República, y que se ha vuelto de gran importancia para la región, cuando las otras entidades culturales de la ciudad han desaparecido por pobreza y negligencia. Mi empeño y deseo es seguir enriqueciéndolo, aumentando el área para poder tener en él una escuela de artes y así poder cumplir más la mission para la cultura de la region”.

 

1991-1997

Continuó trabajando en esculturas de hierro oxidado. Durante este period participó en importantes exposiciones por fuera del país. Entre ellas se destacan: Artistas Latinoamericanos del Siglo XX en la Estación Plaza de Armas de Sevilla, España (1992); From Torres García to Soto en el Art Museum of the Americas en Washington D.C. (1992); Seis: Chillida, Kelly, Noguchi, Serra, B. Venet, Ramírez Villamizar en la galería Theo-Espacio de Madrid (1992); Latin American Art en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (1993); y Thirteen Contemporary Artists en la galería Durban-Segnini de Caracas.

En 1992 organizó en el Museo de Arte Moderno Eduardo Ramírez Villamizar en Pamplona el Primer Encuentro Binacional de Artistas Plásticos, Críticos de Arte y Medios de Comunicación. Participaron en el evento varios importantes artistas, críticos y periodistas de Colombia y Venezuela. El encuentro funcionó como una presentación al público especializado del recién inaugurado museo.

En 1993 fue condecorado por el gobierno venezolano con la Orden Francisco de Miranda, en reconocimiento de su trabajo en el campo de la artes plásticas. La Asociación de Amigos del Museo Nacional le rindió un homenaje por su trayectoria artística y fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Colombia.

En 1994 donó a la ciudad de Bogotá la escultura monumental Doble Victoria Alada. La pieza fue ubicada en la Avenida Eldorado.

En 1995 la galería Diners de Bogotá inauguró su nueva sede con una exposición de treinta obras de Ramírez Villamizar. La exposición fue dedicada al crítico de arte polonés Casimiro Eiger.

En 1997 expuso en el Parque de la 93, en Bogotá, 24 esculturas de hierro oxidado de mediano formato.

 

1998

Instaló en el nuevo Parque Tercer Milenio de Bogotá la escultura Puerta Parque Tercer Milenio. Recibió la Orden Alcalde Acevedo de la ciudad de Pamplona.

En noviembre inauguró una exposición con más de quince piezas en la Galería Denise René en París.

“Es un momento muy importante pues esta galería [Denise René] tiene un lugar muy especial en mi corazón porque la conozco desde hace más de 48 años cuando vine por primera vez a París y desde esa época siempre ha tenido como objetivo la promoción del arte abstracto y geométrico. Para mí era además la primera vez que salía de Colombia, así que mi sorpresa fue inmensa al descubrir una galería que se interesaba por nuevas corrientes artísticas las cuales llegaban a ser consideradas revolucionarias, recordemos que el arte abstracto se demoró en ser reconocido por los críticos del mundo entero, así que todo eso – París, Denise René– fue para mí un choque maravilloso, el cual me hizo cambiar mi dirección, pasé del expresionismo y la figuración a la geometría”.

 

1999

Inauguró la muestra Eduardo Ramírez Villamizar: Ordinamento Geometrico de ll’immaginazione en el Instituto Italoamericano en Roma.

El Museo Nacional de Colombia realizó la exposición Eduardo Ramírez Villamizar Pintor. Una selección hecha por el mismo Ramírez de varias de sus pinturas desde 1945 hasta 1999.

Fue seleccionado por el periódico El Tiempo como una de la cien personalidades colombianas del siglo XX.

 

2000-2003

En agosto de 2002 realizó la exposición Relieves en la galería Diners de Bogotá. Presentó una gran muestra en el campus de la Universidad de Antioquia, que le rindió un homenaje.

En el 2002 recibió la Orden de Boyacá en el grado de Gran Cruz por parte del gobierno nacional de Colombia

 

2004

En abril se inauguró en el Museo de Arte Moderno de Bogotá la Exposición Retrospectiva Eduardo Ramírez Villamizar. Reunía el trabajo de más de seis décadas del maestro y se convirtió en su exposición más completa hasta la fecha. La escultura monumental de hierro oxidado Torre de luz fue instalada en el campus de la Universidad de Antioquia.

En la noche del 23 de agosto falleció Eduardo Ramírez Villamizar en la clínica El Bosque de Bogotá.

Pocos días después de su muerte, la galería Diners inauguró una exposición con varios relieves que venía preparando hacía varios meses.

En su testamento, Ramírez Villamizar pidió que la mayoría de sus obras fueran donadas a los principals museos de Colombia. Un total de 66 piezas fueron repartidas.

 

2005-2017

En julio de 2005 la familia de Ramírez Villamizar donó a la Universidad de Antioquia un total de 26 de sus obras que hasta la actualidad están expuestas en la Sala de Música del Parque de los Deseos en Medellín.

En 2005 el Club El Nogal de Bogotá inauguró el relieve de gran formato Homenaje 7 de Febrero del 2003, obra que Ramírez Villamizar hizo en honor de las víctimas del carro bomba activado por la guerrilla de las Farc en la sede del club en la noche del 7 de febrero de 2003.

En el 2007 se instaló en el campus de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá la escultura monumental en hierro oxidado Doble arco caracol. La obra, de siete metros de altura, forma parte del Parque de los Maestros Abstractos de la universidad.

El 4 de septiembre de 2009, la galería Sextante de Bogotá le rindió un homenaje a Ramírez Villamizar por el quinto aniversario de su muerte. Se expusieron, entre otras obras, varios dibujos inéditos del maestro.

A lo largo de todos estos años, el Museo de Arte Moderno Eduardo Ramírez Villamizar continúa funcionando como uno de los centros culturales más importantes de todo el oriente colombiano. Regularmente se realizan exposiciones y eventos pedagógicos en torno al arte. En varias ocasiones ha sido sede de importantes eventos como el Salón Regional de Artistas Zona Oriente. Adicionalmente, cada año un artista realiza una exposición en homenaje a Ramírez Villamizar, han expuesto, entre otros, Ómar Rayo y Jorge Riveros. La colección del Museo sigue creciendo poco a poco.

 

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